Las palabras se desprendieron del manto blanco donde reposaban con sentido, pero sin ti; se echaron a volar al viento, libres; evaporaron el grafito que les dibujaba fronteras cobraron voz; se volvieron nuevamente eco en los rincones de tu piel gemidos escapados al lado del lóbulo delicioso de tu oreja. Quizá por eso ya no escriba tanto...