
Mi Señora de la Mar, que entre arena y piedras me bautizaste tu hija, bendíceme hoy otra vez.
Brisa fría y vigoroza, que entre vaivenes me susurrabas verdades al oído, murmúrale a mi alma otra vez.
Horizonte azul e infinito, que me invitabas a correr hacia donde estás, hazme volar otra vez.
Tú y sólo tú.
Recíbeme...
Escúchame...
Háblame...
Protégeme...
Tranquilízame...
Revíveme...