
y mis dedos inquietos vayan como luciérnagas
iluminando los rincones de tu cuerpo taciturno.
Que el aroma prófugo de los poros de mi piel
sea la brújula que te indique mi norte
cuando me halle perdida en tu sur
y mi soplo agitado, perfumado de vino blanco
el viento que ponga a girar nuevamente
el anemómetro de tus deseos.