riega las veredas de mi piel con tu sudor
baña mi interior con tu hombría
arráncame cualquier atisbo de pudor.
Porque es que no me acostumbro todavía
a tener tan lejos ese sabor
que devuelve la fe a mi ánima impía
mezclando dulcemente cuerpo y alma
la alquimia perfecta
de ganas y corazón.